Sobre mí

Nací en 1976, en Madrid. Con 6 años mi abuelo me regaló mi primera cámara de fotos, y ya desde ese mismo instante comencé a ver la vida a través de un encuadre.

En el colegio tenía muy claro lo que quería ser de mayor: fotógrafo. Leía con asiduidad revistas y libros de fotografía. El destino me llevó a trabajar con 17 años a la redacción de una revista de fotografía: Revista Foto Profesional -que más tarde paso a llamarse Revista Foto-.

Fueron unos inicios inolvidables, en los que mi función era encargarme del archivo, y por mis manos pasaban instantáneas de los mejores fotógrafos del mundo. Yo sólo tenía que clasificarlas por orden alfabético de autor. Como había muchas imágenes que clasificar, y me era imposible tratarlas como meros documentos de papel, acudía a trabajar todos los días una hora antes para estudiarlas, observarlas, disfrutarlas… Luego, cuando daban las 9 de la mañana, las clasificaba sin perder un segundo; ya las había degustado. Había disfrutado con la genialidad de aquéllos fotógrafos entre los que se encontraban Richard Avedon, Henri Cartier Bresson, Robert Doisneau, Ansel Adams, Robert Capa, Alberto Schommer, Annie Leibobitz… y un sinfín de nombres que me resultaría imposible enumerar.

Un buen día cayó en mis manos un libro de Directores de Fotografía españoles. Tenía que escribir una reseña de 15 líneas para la sección de novedades de la revista. Era mi primer encargo como redactor, así que como es de suponer cogí el libro con gran ilusión. A las 10 páginas de haber comenzado el libro, descubrí que lo que aunaba mi pasión por la fotografía y el cine era esa figura: la del Director de Fotografía. Un encuentro fortuito que hizo que me orientase en ese momento a la fotografía cinematográfica. Si una sola imagen me entusiasmaba, 24 imágenes por segundo me fascinaban por completo.

Un año después comencé la licenciatura de Comunicación Audiovisual. La carrera la fui compaginando con trabajos en medios audiovisuales, en televisión y productoras. A la vez rodaba cortos, como director de fotografía, y me escapaba a hacer talleres de cine en cuanto tenía ocasión.

Sin duda mi momento más emocionante surgió cuando asistí a The Maine Workshops, en Estados Unidos. Fue la primera vez que rodaba con celuloide, en 16mm con grandes directores de fotografía como profesores.

Un tiempo más tarde, de forma fortuita mientras veía el copión de un corto que había rodado en Fotofilm, me ofrecieron en el laboratorio un puesto en etalonaje. Yo había trabajado con los laboratorios como cliente de cortos, pero no tenía ni idea de etalonar. Pero era ésta una magnífica oportunidad para conocer los entresijos del fotoquímico, esa parte de postproducción tan importante para los directores de fotografía. Comencé etalonando cortos (entre ellos alguno mío) y a los tres meses me gané el poder etalonar largometrajes. Fueron años de intenso aprendizaje,que más tarde me servirían para ponerlo en práctica en mis películas.

Finalmente en 2010 se me presentó esa oportunidad con Ways to live forever, film con más de 15 premios nacionales e internacionales, y nominada a los Premios CEC del Círculo de Escritores a varias categorías, entre ellas Dirección de Fotografía. 

Desde entonces, y a lo largo de estos años, he tenido la suerte de trabajar con directores y equipos extraordinarios, en proyectos que me han llevado de Madrid a Nueva York, de Galicia a Buenos Aires. Desde proyectos independientes a grandes producciones para plataformas como Netflix, Disney, Movistar o Paramount+.

Cada rodaje es un mundo distinto, pero en todos busco lo mismo: que la imagen esté al servicio de la historia.

Porque si algo me enseñaron aquellas mañanas clasificando fotos de Cartier-Bresson o Adams, es que la fotografía es, ante todo, un oficio. Uno que se aprende mirando, equivocándose y volviendo a mirar.

Y yo sigo buscando.