Vivir para siempre, 2010
Película largometraje
Drama
UK / España
Rodada en 35mm con cámara Panavision Platinum, ópticas Panavision Primo y negativo Kodak Vision 3
Director: Gustavo Ron
Producción: El Capitan Pictures
Hay proyectos que llegan en el momento exacto. Vivir para siempre fue mi primer largometraje, y llegó de la mano de Gustavo Ron, un director que sabe exactamente cómo poner a todos a trabajar en la misma dirección. Esa coherencia se nota en la película: la dirección de actores, el arte, el vestuario, la música, la fotografía… Todas respiran juntas.
El reto era complejo desde el principio. Contar una historia aparentemente triste —un niño con leucemia que quiere saberlo todo sobre su propia muerte— sin subrayar el drama con la luz, ya que el tono de la película es de superación, emotivo y esperanzador.
Precisamente por eso decidimos no enfatizar una atmósfera dramática visualmente. La referencia fue el cine británico clásico y el cine independiente americano: ambiente brillante pero con claroscuros, personalidad sin barroquismo. Luz natural, aire inglés. Y Newcastle en invierno, con apenas cinco horas y media de luz al día.
Lo bueno de esa luz nórdica es que todo el día es mágica. Tan tamizada, tan suave, que hubiera sido un crimen ponerle encima una fuente artificial. En exteriores no usé prácticamente nada: palios, algún estico, y dejar que el entorno hiciera su trabajo. Para los interiores, decidí que todo fuera tungsteno. Me encanta el cine clásico rodado así, y esta película, aunque trate un tema duro, tiene una dulzura que pedía esa calidez. Busqué siempre la luz lateral: esa que te deja ver una parte de la cara más que la otra, pero con detalle en los dos ojos.
Rodar en 35mm fue una decisión que lo cambió todo. La cámara era una Panavision Platinum con ópticas Primo esféricas, y la combinación de ambas con el negativo Kodak Vision3 le daba a la imagen una textura, una profundidad y una latitud que ningún otro formato hubiera podido ofrecernos. Me enamoré de la calidad del tungsteno sobre ese negativo: cálido, denso, con unos negros limpios. Y la latitud de la emulsión era brutal: había momentos en que podía permitirme cinco o seis stops de diferencia en el mismo encuadre sin perder detalle, algo que no ofrecían las cámaras digitales de la época.
Es una película de la que me siento muy orgulloso, no sólo por lo que conseguimos técnicamente, sino por lo que nos hizo sentir mientras la rodábamos.
Puedes leer aquí un PDF con la entrevista en la Revista Cameraman en la que se analiza en profundidad la cinematografía de Vivir para Siempre.







